domingo, 6 de noviembre de 2016

UN ANTIGUO ESTUDIO SOBRE LOS LOBBIES - Parte IV

IV. SINOPSIS DEL RÉGIMEN JURÍDICO DE LA “FEDERAL REGULATION OF LOBBYING ACT” DE 1946

La “Federal Regulation of Lobbying Act”, que como dijimos, intenta dar un marco jurídico a los lobbies, dispone principalmente según DION ([1]):

- Todos los grupos intermedios que tienen lobbies en Washington o en Capitales de los distintos Estados de la Unión deben registrarse obligatoriamente ante la Procuraduría General de la Nación, en un Registro especial que ésta lleva al respecto.
- Estos grupos deben identificar y dar la lista completa de todos los lobbies y lobistas que actúan a sus respectivos cargos.
- Deben presentar un detalle declarado de los gastos que se invierten en el lobbying.
- Debe declararse el salario de los lobistas empleados.
- Existe obligación de presentarse una descripción completa de las actividades que planea el lobby en el futuro.
- Trimestralmente, los grupos intermedios deberán presentar un informe sobre los puntos anteriores, que debe incluir todas las variaciones y alternativas que se verifiquen, los cuales edita el Congressional Record.

Estas obligaciones se cumplen muy poco en la práctica, y son muchísimos más los grupos y lobbies que no se registran que los declarados. DION estima que los lobbies que existen en realidad son de un número diez veces mayor que los registrados. Como la violación por la registración no es sancionada por ninguna pena por la F.R.L. Act, al no disponerse nada sobre las omisiones, el registro y la información trimestral dependen exclusivamente de la buena voluntad y honradez de los interesados. El Gobierno se ve obligado a tolerar esta situación por no poder tomar medidas de policía, lo que excedería sus límites legales y constitucionales. A veces los Comités llaman a los lobbies a declarar sobre sus actividades, pero nada más puede hacerse. Sin embargo, los informes trimestrales que publica el Congressional Record ofrecen datos ilustrativos y valiosos para el análisis de los lobbies ([2]).


V. FORMAS DE ACTUACIÓN DE LOS LOBBIES ANTE LOS PODERES PÚBLICOS Y TÉCNICAS DE LOBBYING

Anteriormente caracterizamos como “lobbying” a la actividad de gestión y presión que ejercen estas organizaciones a nivel de los centros decisores del sistema político norteamericano. Podríamos definirla más técnicamente como una actividad, generalmente remunerada, de un agente o de un grupo, de forma concertada con los dirigentes de la asociación o del grupo intermedio contratante, y disponiendo de medios pecuniarios u otros, con el objeto de influir directa o indirectamente sobre proyectos o actos delos gobernantes, para promover los intereses de sus patrones (o contratantes) ([3]). Si bien es cierto que actúan preponderantemente a nivel de las Cámaras del Congreso, también lo hacen a nivel del Presidente y el Poder Ejecutivo ([4]), no escapando tampoco el Poder Judicial, si bien es más difícil acceder a los Jueces debido a que ellos deben (y saben) mantenerse independientes de partidismos y presiones ([5]). Debe quedar claro que los lobbies nunca representan a Partidos Políticos, sino solamente a grupos intermedios o de interés. A pesar de que los lobbies son muy importantes en los EE.UU. y su actividad es lícita porque ha sido regulada por la Ley y encontrarse amparada por la I Enmienda, la gente común no tiene por lo general mucho conocimiento sobre qué son y cómo trabajan e influyen estas organizaciones ([6]).

En cuanto a su organización, el lobby es una Empresa o Estudio compuesto por un gabinete de abogados, profesionales universitarios o agentes expertos en publicidad (pudiendo coexistir estas clases de profesionales), como también de ex asesores o colaboradores de Bancadas, ex Congresales o antiguos funcionarios de la Administración o del Poder Legislativo. Últimamente algunos periodistas se han destacado como eficaces lobistas, aprovechando el importante baluarte de sus periódicos o diarios. Todos ellos residen en Washington (donde se encuentra la mayoría) o las Capitales de los Estados de la Federación; esto es, cerca de los principales centros de poder. Como rasgo peculiar de los tiempos modernos, los lobbies tienden a convertirse en organizaciones de equipo en el que actúan multidisciplinariamente, aliándose muchas veces, si las circunstancias lo requieren, con otros lobbies. Algunos de ellos pertenecen exclusivamente a un grupo de interés o están especializados por tarea o por materia. Otros manejan intereses de varios grupos diferentes, aunque no representan a demasiados grupos. Algunos grupos intermedios utilizan dos o varios lobbies. Ciertos lobbies, como el de la Cámara de Comercio y la N.A.M. ocupan por entero importantes edificios ([7]), y otros apenas poseen una pequeña oficina con un cuarto y un baño. Los más grandes mueven mucho dinero y perciben suculentos honorarios por sus servicios. Varios de ellos cambian de contratante y no observan una tendencia hacia la especialización, siendo cada vez menos frecuente la figura del lobista unipersonal y solitario, pero no existe una evolución marcada en este sentido ([8]).

Grupos intermedios de toda clase utilizan actualmente los servicios de los lobbies: corporaciones y organizaciones comerciales o industriales, grupos petroleros (de gran influencia en la década de los 1970), agremiaciones laborales y centrales obreras, grupos religiosos, organizaciones profesionales y de la Salud, asociaciones de protección a la fauna, flora y al equilibrio ecológico, y también se incluso se destacan las organizaciones de agricultores, granjeros o ganaderos. E inclusive, Estados extranjeros ([9]).

Según EULAU, para explicar al lobby no es muy apropiado el modelo de comunicación, sino el de política de presión, al cual considera más realista, si bien el modelo de comunicación no es descartable, pero éste no explica realmente todos los mecanismos del lobbying, y sirve más para investigar fenómenos de mercado ([10]). La actividad de lobby, pues, es un proceso y un fenómeno político. Asimismo este autor destaca la poca fidelidad de las fuentes utilizadas para recabar datos sobre las actividades de los lobbies, destacando tres fuentes de relativa fidelidad: 1) las no siempre desapasionadas investigaciones del Congreso; 2) las no siempre coherentes crónicas de los reporteros; y 3) los no siempre coherentes estudios de los científicos políticos ([11]). Aparte, los factores psicológicos existentes en el proceso son difíciles de tomar en cuenta y la mecánica de la tarea es muy compleja ([12]). No olvidemos que los registros de los lobbies son muy incompletos. Sin embargo, de estas fuentes se desprenden algunos elementos valiosos que permiten conocer y caracterizar la acción de aquéllos.

Básicamente, el lobby utiliza dos tácticas o técnicas para conseguir los resultados que desea: 1) el lobby directo (“direct lobbying”), a través del contacto personal o por ellagados claves a los decisores del sistema político; y 2) el lobby indirecto (“indirect lobbying”), mediante la manipulación y la influencia directa en las ideas y de la opinión pública, que redunda en una presión indirecta sobre el sistema político, a través de la presión directa del público sobre los gobernantes ([13]). Para MILBRAITH, que sostiene que el lobbying es un proceso de comunicación, la tarea del lobista es encontrar cómo puede mantener una comunicación más efectiva para influir en los centros decisores ([14]). Este autor habla, refiriéndose al lobby directo, de “técnicas para la comunicación directa personal entre el lobista y los decisores”, y respecto al lobby indirecto, de “comunicación entre los intermediarios y técnicas de grandes canales de comunicación abiertos” ([15]).



(continuará)




[1] DION, op. cit., ps. 128 y 129. Ver nota 31, Addenda.
[2] DION, op. cit., p. 129. KEY, op. cit., p. 227. Los lobistas, como dijera el legislador demócrata de Tennessee, Kenneth MC KELLAR: “Washington está y sus hoteles están infectados de lobbies”. El número real de lobbies se calcula en decenas y decenas de miles. DION, op. cit., p. 127.
[3] DION, op. cit., p. 114.
[4] Léase el artículo de LEVINE - THURBER, cit..
[5] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 129.
[6] DION, op. cit., p. 126. KEY, op. cit., p. 226. KRAEHE, op. cit., p.633 opina, no obstante, que los texanos conocen muy bien a los lobbies y a sus lobistas.
[7] DION, p. 121.
[8] SALISBURY, p. 146.
[9] Uruguay, según se dice, habría utilizado lobbies desde la época del Gobierno de facto 1973-1985, y continúa utilizándolos en la actualidad (datos no confirmados por el autor).
[10] EULAU, op. cit, p. 200.
[11] EULAU, op. cit., p. 196 y sigs. Recordemos que la publicación de los informes trimestrales ordenados por la F.R.L. Act que edita el Congreso, aunque no refleje la realidad absoluta, son otra preciosa fuente de datos de estudio.
[12] MILBRAITH, L., “Lobbying as a communication process”, en MALECKI - MAHOOD, op. cit., p. 184. ECKSTEIN, “Pressure Group Politics: The case of the British Medical Association”, Stanford, California Stanford University Press, 1960, p. 152.
[13] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 320.
[14] MILBRAITH, op. cit., p. 185.
[15] MILBRAITH, op. cit., p. 186.

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