martes, 8 de noviembre de 2016

UN ANTIGUO ESTUDIO SOBRE LOS LOBBIES - Parte V

Lobby directo (direct lobby)

El acceso y la comunicación fluida con las personas que forman la voluntad decisoria del sistema político americano preocupan mucho a los grupos de presión de los Estados Unidos. Y como la tarea de los lobbies es, como ya dijimos reiteradas veces, la presión e influencia profesional en las cúpulas de elaboración de decisiones -lo que da garantía de especialización y experiencia-, el lobista debe poseer canales y vías de contacto personal y directo con las mismas, porque después de todo, el contacto directo es el medio más seguro y efectivo para lograr el éxito de la gestión del lobby. Es necesario que el lobista conozca a legisladores, políticos e importantes autoridades -y cuantos más mejor-, o por lo menos debe estar vinculado a los más importantes; si no los conoce o no pude acceder personalmente, debe mantener contactos con las Comisiones o Subcomisiones y poseer amistades y confidentes, funcionarios o colaboradores y asesores claves que le sirvan como nexo para acceder a las cúpulas, o lo mantengan enterado de qué tema que de interés se está tratando, y cómo está evolucionando el mismo. También tiene que proveerse de buenos informantes (pagados o no) o fuentes autorizadas para que lo enteren de todo lo que ocurre momento a momento en los centros decisores y en sus Comisiones o Subcomisiones, sobre los temas que podrían afectar o no ser indiferentes al grupo representado por el lobby. Por razones obvias, los lobbies prefieren el contacto directo con los legisladores más importantes y las más encumbradas autoridades. Si el lobby no posee ninguno de los contactos mencionados, debe por lo menos procurárselos. Cuando el contacto no es posible de ninguna manera, se puede intentar dirigirse a las personas que están en los centros de poder a través de cartas, aunque este mecanismo se usa muy poco por lo escasamente efectivo, ya que el destinatario (legislador u otra autoridad política) en el fárrago de su trabajo les presta poca atención, y además no se puede advertir por el lobista la reacción del político ante la petición y evaluarla ([1]). También podría pedir audiencias, cuyas entrevistas demoran mucho tiempo en concretarse y no durarán más de unos pocos minutos.

Puede ser que en su gestión, los lobbies se valgan de técnicas de soborno y cohecho, así como de corrupción de legisladores, autoridades, funcionarios y asesores mediante dinero, regalos, obsequios para las Fiestas tradicionales ([2]), o recurrir a las amenazas y a la extorsión. Lo que no es recomendable, amén que puede ser delictivo; esto ha valido a los lobbies la mala fama que poseen, por lo que lo evitan generalmente.

La acción típica de los lobbies se manifiesta a través de la actividad en los pasillos (de ahí su nombre), por lo que es muy común verlos, principalmente en el Congreso, totalmente repletos de lobistas que intentan dirigirse a los legisladores y otras autoridades, y este espectáculo debe necesariamente producir un impacto psicológico importante en el ánimo del legislador, que debe abrirse camino entre los lobistas para llegar a su despacho ([3]). La interacción entre el lobista y la autoridad política (generalmente se piensa en el legislador, aunque puede ser cualquier otra personalidad de Gobierno) es muy difícil y delicada, y si el lobista desea tener éxito y que el político tome en cuenta sus planteamientos, debe poner en acción toda su sagacidad, experiencia y ciencia de la ductilidad en las diversas alternativas que se le presentan, como también el conocimiento que posea de las pasiones humanas. No sólo en los pasillos o en los salones de la Administración y de las Comisiones trabajan los lobbies. También organizan y concurren a festejos, reuniones y agasajos, o propician la formación de fondos, o aun de clubes de esparcimiento donde los lobistas tengan oportunidad de transmitir sus planteamientos a las autoridades, como el caso del “Poor Man's Country Club”, donde sólo podían entrar Senadores, Diputados, hombres de influencia pública y lobistas (y los lobistas no pagaban), organizado por el cabildante Homer Leonard ([4]). Los restaurantes, bares y en ocasiones el insalubre entorno de los clubes nocturnos sirven para ambientar la comunicación entre autoridades y lobbies.

EULAU, en su recensión de la obra “The Washington Lobbysts” de MILBRAITH, destaca que la efectividad del lobby en la comunicación con la autoridad política depende ([5]):

1) Del grado del autor de decisiones del sistema político de libertad por la cual las expectativas de sus votantes definan su papel;
2) Del grado de convicción personal del decisor sobre un tema;
3) Del grado de conformidad que una mayoría de los que trabajan en la tarea legislativa puedan acordar por disciplina o compromiso;
4) Del grado de necesidad que tiene el decisor de informarse sobre un problema;
5) Del grado de cuáles relaciones informales con el grupo decisor lo hacen por respeto y confianza;
6) Del grado en que los decisores confían en el consejo de los asistentes de su staff.

A continuación destacaremos las diferentes formas de acción de los lobbies cuando actúan directamente sobre los decisores del sistema político.

Persuasión.- Se hace principalmente a través de tres medios: el diálogo, el aporte de informes y datos, y -excepcionalmente- las amenazas y la corrupción.

El diálogo.- Sea directamente como a través de contactos intermedios, sea personalmente o por teléfono, sea en los pasillos, despachos u otros lugares fuera de las edificaciones de los órganos de poder, el diálogo es una de las vías más capitales de persuasión. Mediante el diálogo el lobista deberá demostrar todo su talento y habilidad en el manejo de las situaciones y las reacciones de los decisores del sistema político, si quiere tener éxito en su tarea. El lobista se preocupará de que el decisor tome interés por la situación del grupo al cual el lobby representa; tratará también de formar bloques en los órganos deliberantes, como en las Cámaras del Congreso, y también mayorías que impulsen la adopción o el rechazo de los Proyectos que afecten a sus representados, e intentarán lograr la derogación o puesta en vigencia de las normas ya adoptadas. El lobista experimentado sabe cómo tratar con una personalidad del sistema político según su forma de ser, y las situaciones son tan ricas que exigen del lobista mucha capacidad y ejecutividad. Ellos conocen qué momento es más oportuno para tomar contacto con los legisladores y qué autoridades estarán dispuestos a prestarles atención ([6]) porque ante todo, manejan (o deben manejar) mucha información. El diálogo resulta un excelente instrumento para permitir la presentación al decisor de un proyecto de norma por parte del lobista que beneficiaría al grupo de interés al cual patrocina, buscando así que las autoridades lo apadrinen y lo impulsen para su consideración y aprobación ([7]). Los hechos y planteamientos efectuados se acompañan de una serie de fundamentos y presentaciones, sea fácticos como también de oportunidad o de justicia, sabiduría o conveniencia de la propuesta. También se recurre a mostrar las dos caras del problema que plantean, señalando ventajas e inconvenientes con cierta pseudo-objetividad, porque siempre procurarán que la balanza de argumentos esté inclinada a su favor ([8]).

Frecuente es también el diálogo no sólo con la autoridad del órgano político, sino con sus asesores o colaboradores directos, que son en definitiva los que estructuran y recomiendan cómo proceder a aquél.

Los lobbies tienen especial interés en hacerle ver a la autoridad pública que se trata el problema que plantean de una cuestión importante, y que la decisión que ella toma al respecto será realmente capital, y ningún lobista pierde tiempo en comunicarse con el decisor político si no tienen un tema verdaderamente importante para plantear ([9]).

Presentación de datos e informes.- Debido a que el volumen de trabajo de las autoridades políticas es enorme, las comunicaciones directas entre los lobbies y los decisores deben ser muy breves, concisas y claras, resaltando en forma sumaria los puntos más importantes ([10]). A veces el problema es muy complejo y tedioso de explicar, sobre todo los temas que poseen cuestiones técnicas, y si se quiere que el decisor o legislador tenga una información cabal y completa del asunto objeto del planteamiento, el lobista procura presentarle una documentada carpeta en la que puede exponerse el problema técnicamente con comodidad, manejando datos y argumentos, todo lo que se desee. La presentación de datos e informes sirve como oportunidad para adjuntar Anteproyectos de normas jurídicas con exposiciones de motivos extensas y profusión de datos. Esta técnica es muy tomada en cuenta, ya que así el decisor puede prestarle más atención y tiempo a la temática que afecta o interesa al grupo intermedio representado por el lobista que en la simple entrevista, y para ellos las meras alocuciones o planteos orales no tienen mucha fuerza ([11]). Por eso, la presentación de datos e informes es un buen complemento para el diálogo; la carpeta escrita oficiará también de “ayuda-memoria” al político.

Muchos legisladores y autoridades del sistema político ven con buenos ojos esta presentación documentada de datos e informes, y los lobistas saben que quien comprende el volumen de tareas de aquéllos y está dispuesto a aliviársela mediante la presentación de un buen informe puede saber que será siempre muy bien recibido ([12]). La presentación de datos e informes por escrito ilustra mucho mejor que un buen diálogo. Por otra parte, es frecuente (y es el caso particular de los legisladores) los decisores del sistema político necesitan el asesoramiento en datos, debido a que por su trabajo no los pueden obtener personalmente, y los legisladores norteamericanos muchas veces cambian sus favores por esos datos. “Dame una mano y yo te doy la mía” ([13]). Los legisladores conocen muy bien el apoyo y servicio que los lobbies le representan en materia de datos e informes, y no se sienten muy menoscabados en su integridad por recibirlos ([14]). Esto lo saben muy bien los lobistas.

Amenazas y corrupción.- Debido a lo inconveniente de estas persuasiones de carácter intimidatorio y coactivo, es natural que casi nunca sean utilizadas. Los buenos lobistas saben que además de amoral es poco efectiva, porque los decisores y el público lo mirarán con gran desfavor. Algunos lobistas amenazan con favorecer la derrota electoral del decisor mediante el retiro del respaldo del grupo al que representa y el apoyo de ese grupo a otro candidato, o con divulgar sucesos que podrían perjudicar su imagen salvo que les preste atención ([15]). Pero quienes intentan amenazar o se comportan arrogantemente son siempre resistidos, y muchos mismos lobistas saben que los sobornos, amenazas, extorsiones o cohechos no tienen mucho éxito ([16]).

Testificación en audiencias.- Es una técnica que se ha revelado como poco importante, por lo que suele usarse, debido a que la experiencia demostró que los Congresistas les prestan atención esporádica ([17]).

Fiestas o agasajos.- Las reuniones sociales ofrecen un ambiente propicio para que los lobistas puedan conversar con los decisores del sistema político. Sin embargo, este canal no se utiliza con la frecuencia que se cree. Es un medio que debe ser tomado en cuenta con cautela, ya que las autoridades políticas se encuentran ocupadas en muchos compromisos, y a menudo pueden concurrir más como favor o por compromiso que como homenaje. También despierta en algunos funcionarios, recelos de que pueda aprovecharse la oportunidad para molestarlos con requerimientos, y pueden rehuir de esta clase de invitaciones. Tiene más éxito cuando se trata de grupos de interés humanitarios y religiosos, pero se revela poco útil para otras asociaciones ([18]). 


Lobby indirecto (indirect lobby)

Por “lobby indirecto” entendemos a cualquier clase de actividad diferente a la presión directa que ejercen los lobistas sobre las autoridades del sistema político. En cierto modo no son tareas del lobby sensu stricto, pero no son menos efectivas. El lobby indirecto se usa como complemento o paralelo de la presión directa, y asimismo suele recurrirse a él al fracasar la presión directa o cuando ésta no puede lograrse. Una táctica de lobby indirecto trata de crear un estado de opinión pública o influirla favorablemente en beneficio de los intereses del grupo para quienes trabajan los lobbies, con vistas a que esta opinión pública traduzca y canalice su acción en demandas a los decisores del sistema político. Se trata pues de provocar una presión indirecta por medio de la presión directa que realizarán los ciudadanos gobernados sobre los gobernadores, previamente excitados por la prédica del lobby. En otras ocasiones el lobby se encarga de la tarea de presión indirecta, quedando la presión directa a cargo del propio grupo de interés ([19]).

KEY destaca dos métodos principales de lobby indirecto en cuanto a manejo de la opinión pública:

a) el método escopeta.- Busca conseguir círculos de personas que influyan en el legislador;
b) el método ametralladora.- Consiste en lograr que el público mande cartas y telegramas a los Congresales ([20]). Otros ejemplos de presión “ametralladora” o difusa son, procurar que la gente se pronuncie a través de manifestaciones, o generando una opinión a través de la Prensa u otros medios de difusión de masas (addenda: como hoy pueden serlo las redes sociales).

En cuanto a la influencia de los lobbies sobre la opinión pública, IPPOLITO y WALKER distinguen dos grandes tácticas ([21]):

1) Largo alcance (long range): conseguir del público una imagen favorable del grupo de interés.
2) Corto alcance (short range): convencer al público de adoptar la posición del grupo de interés sobre un hecho particular que está en el tapete, y lograr la participación del público para conseguir sus propósitos.

Campañas de telegramas y cartas.- Los lobbies promueven determinadas campañas que procuran obtener la presión de los gobernados sobre los gobernantes, logrando que los primeros envíen cartas y telegramas a las autoridades políticas ([22]). Estos lobbies le comunicarán al público en general y a los asociados de los grupos a quienes representan a quiénes deben enviarlos, qué deben poner y qué no deben escribir. Se ha constatado la efectividad de esta técnica de presión sobre el ánimo de los legisladores y autoridades políticas estadounidenses, sobre todo cuando se sienten llegar a ellos una avalancha enorme de comunicaciones de los interesados y del público. Por supuesto, estas campañas deben contar con la acción de mucha gente, y hasta del propio lobista, sus compañeros o empleados, quienes también escribirán si resulta necesario ([23]).

Campañas de información y publicidad.- Los lobbies, a través del acceso que tienen a la Prensa y a otros medios de publicidad y de propaganda (reporteros favorables al lobby o a su grupo de interés, o pertenecientes a él o amigos, solicitadas, boletines, aviso s o afiches especiales), organizan campañas publicitarias, muchas veces de gran envergadura. Tienen crecida eficacia sobre todo cuando se trata de defender intereses de grupos humanitarios, agrícolas, religiosos y ecologistas. También están destinadas no sólo a promover la creación de un estado de opinión, sino a enterar o informar al púbico de acuerdo a lo que les convenga para poner a la gente a favor o en contra de ciertos proyectos o legislaciones vigentes o proyectadas ([24]), cumpliendo una tarea informativa y educativa, pero a su manera y tendenciosa hacia sus intereses. La práctica ha mostrado a los investigadores, que estas campañas no siempre pueden medirse en sus efectos.

Conferencias.- Organizadas por los lobbies en temas de interés del grupo que se defiende, son muchas veces remuneradas y difundidas, invitándose a legisladores, grupos interesados y público en general.

Participación en campañas políticas.- En los últimos tiempos los lobbies han contribuido principalmente con trabajo, dinero y publicidad en las campañas electorales de las autoridades políticas norteamericanas, y la incidencia de éstos en los resultados relectorales es importante. Actualmente, a partir especialmente de la década de los años 1970, se organizan en “Political Action Commitees” (PACs). En un medio muy efectivo para conquistar influencia a nivel de personalidades políticas, y que los lobbies usan para organizar y sostener campañas electorales ([25]).

Publicación de tablas de votos de legisladores.- las mismas tablas indican el porcentaje y número de votos con que cada legislador llegó a su escaño parlamentario. Dicha práctica fue iniciada por la Anti-Saloon League y sus lobbies, asociación que mucho se preocupó de manipular la opinión pública. Últimamente tiene poca importancia su utilización, sobre todo por los resentimientos que provocan a nivel de los legisladores, lo que les cerraría la puerta a quienes publicitaran tales tablas ([26]).


Actuación de los lobbies en las Comisiones y Proyectos de normas jurídicas

La multiplicidad de los temas que tienen que abordar los organismos del sistema político norteamericano ha dado lugar a los trabajos en Comisiones y Subcomisiones, Comités o Subcomités, algunos formados por miembros de los respectivos organismos, y otros (en ocasiones de carácter honorario) formadas por personas de distinta índole. Mientras más pequeño sea el número de sus integrantes, más vulnerables y sensibles son a la influencia de los lobbies; no es de extrañar entonces que éstos se desempeñen allí al máximo, porque ellos conocen que en dichas Comités, Comisiones, Subcomités o Subcomisiones, se decide lo medular de cada tema, y que los Plenarios a lo sumo ratifican o poco agregan a lo ya acordado por aquéllas, sobre todo con se trata de la elaboración de normas jurídicas ([27]).

Cuando los grupos de interés saben de la existencia de un proyecto de norma o de decisión (p. ej. en el Congreso), las Comisiones suelen mandar sus Órdenes del Día a sus lobbies para qe sigan el proceso de su sanción. Ellos toman nota de todo lo que pueda afectar o no a sus representados, y procurarán intervenir en el momento oportuno. Pueden intervenir en la elaboración y redacción de los Proyectos, o aportar Anteproyectos e ideas estudiados y redactados como aporte al trabajo de estas Comisiones o Comités., que serán tenidos en cuenta dependiendo del padrinazgo o apoyo de uno o varios de los miembros de la Comisión o de sus asesores. No es raro que muchas Leyes de los Estados Unidos tengan una profunda impronta de los lobbies ([28]). Como en todo trabajo de los lobbies, la gama de diferentes situaciones que pudiere ocurrir es muy rica.


Los lobbies y la comunicación con los grupos a los que pertenecen

Los lobbies no sólo ofician como reivindicadores profesionales a los grupos de interés, sino que los primeros muchas veces sirven como consultores o asesores de los segundos. Se preocupan por obtener información, datos y todo cuanto los grupos de interés no son capaces de conseguir por sí mismos. El lobista les asesora sobre quiénes son las personas claves para hablar sobre determinado tema, quiénes les prestarán más atención y cuándo es el momento más oportuno para intervenir ([29]). Cuando trabaja para sus representados, el lobby los pone al tanto permanentemente sobre la evolución del asunto y de los éxitos (o no) de sus gestiones, y consulta con ellos respecto los pasos a dar en lo sucesivo. Un trabajo eficiente el lobby también presupone una comunicación ágil y asidua con sus mandantes.


Mantenimiento de los canales abiertos entre el lobby y la autoridad política

No sólo es importante abrir canales de contacto con el decisor para el lobista, sino también mantenerlos abiertos para el futuro, a efectos de poseer una comunicación fluida y perenne. El lobista tendrá que adaptarse a las diversas exigencias de las personalidades a las cuales tiene acceso, y mantener su favor a través de todos los medios (intelectuales o materiales) que posea. Los lobbies tienen por lo general idea de cómo mantenerse presentes en el buen ánimo de los políticos.


Fin de la tarea del lobby

Como bien señala MILBRAITH, el trabajo del lobby termina cuando éste comunica al decisor sus planteamientos en la forma más efectiva posible ([30]). Puede observarse que la obligación del lobby es de medios: hacer todo de su parte para lograr que la autoridad política tome en cuenta su mensaje y lo adopte; no se garantiza el resultado efectivo de la gestión, ya que no puede controlarse directamente lo que haga el decisor, salvo que el lobby lo decida por él.
Cuando el lobby no tiene un tiempo de contratación determinado, cualquiera de las partes (grupo de interés o lobby) puede ejercer el receso unilateral de la vinculación.



(continuará)





[1] DION, op. cit., p. 124. IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 373.
[2] DION, op. cit., p. 125.
[3] SALISBURY, op. cit., p. 148 y sigs. Ver nota 35.
[4] KRAEHE, op. cit., p. 633.
[5] EULAU, ob. cit., p. 201.
[6] DION, op. cit., p. 74.
[7] MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[8] MILBRAITH, op. cit., p. 185.
[9] MILBRAITH, op. cit., p. 188.
[10] MILBRAITH, op. cit., p. 187.
[11] MILBRAITH, op. cit., p. 187.
[12] MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[13] BURDEAU, op. cit., T. V., p. 640. MAKIELSKI, op. cit., p. 232.
[14] MAKIELSKI, op. cit., p. 232.
[15] MILBRAITH, op. cit., p. 185.
[16] MAKIELSKI, op cit., p. 238. MILBRAITH, op. cit., p. 183.
[17] MILBRAITH, op. cit., p. 188. MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[18] MILBRAITH, op. cit., p. 193.
[19] DION, op. cit., p. 113.
[20] KEY, op. cit., p. 237.
[21] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 323.
[22] Addenda: Hoy sería los mensajes telemáticos por correo electrónico o a través de las redes sociales, por ejemplo.
[23] DION, op. cit., p. 124. MILBRAITH, op. cit., ps. 190 y 191. MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[24] DION, op. cit., p. 124. KEY, op. cit., ps. 229 y 240. MILBRAITH, op. cit., p. 191.
[25] DION, op. cit., p. 124.
[26] MILBRAITH, op. cit., p. 194. SALISBURY, op. cit., p. 148.
[27] BURDEAU, op. cit., T. V., p. 140, DION, op. cit., p. 76.
[28] Como en el caso de la Taft-Hartley Act, que contiene casi textualmente la redacción de los postulados de la National Association of Manufacturers sobre el tema que versa la Ley.
[29] MAKIESLKI, op. cit., p. 238.
[30] MILBRAITH, op. cit., p. 195.

No hay comentarios:

Publicar un comentario