martes, 8 de noviembre de 2016

UN ANTIGUO ESTUDIO SOBRE LOS LOBBIES - Parte V

Lobby directo (direct lobby)

El acceso y la comunicación fluida con las personas que forman la voluntad decisoria del sistema político americano preocupan mucho a los grupos de presión de los Estados Unidos. Y como la tarea de los lobbies es, como ya dijimos reiteradas veces, la presión e influencia profesional en las cúpulas de elaboración de decisiones -lo que da garantía de especialización y experiencia-, el lobista debe poseer canales y vías de contacto personal y directo con las mismas, porque después de todo, el contacto directo es el medio más seguro y efectivo para lograr el éxito de la gestión del lobby. Es necesario que el lobista conozca a legisladores, políticos e importantes autoridades -y cuantos más mejor-, o por lo menos debe estar vinculado a los más importantes; si no los conoce o no pude acceder personalmente, debe mantener contactos con las Comisiones o Subcomisiones y poseer amistades y confidentes, funcionarios o colaboradores y asesores claves que le sirvan como nexo para acceder a las cúpulas, o lo mantengan enterado de qué tema que de interés se está tratando, y cómo está evolucionando el mismo. También tiene que proveerse de buenos informantes (pagados o no) o fuentes autorizadas para que lo enteren de todo lo que ocurre momento a momento en los centros decisores y en sus Comisiones o Subcomisiones, sobre los temas que podrían afectar o no ser indiferentes al grupo representado por el lobby. Por razones obvias, los lobbies prefieren el contacto directo con los legisladores más importantes y las más encumbradas autoridades. Si el lobby no posee ninguno de los contactos mencionados, debe por lo menos procurárselos. Cuando el contacto no es posible de ninguna manera, se puede intentar dirigirse a las personas que están en los centros de poder a través de cartas, aunque este mecanismo se usa muy poco por lo escasamente efectivo, ya que el destinatario (legislador u otra autoridad política) en el fárrago de su trabajo les presta poca atención, y además no se puede advertir por el lobista la reacción del político ante la petición y evaluarla ([1]). También podría pedir audiencias, cuyas entrevistas demoran mucho tiempo en concretarse y no durarán más de unos pocos minutos.

Puede ser que en su gestión, los lobbies se valgan de técnicas de soborno y cohecho, así como de corrupción de legisladores, autoridades, funcionarios y asesores mediante dinero, regalos, obsequios para las Fiestas tradicionales ([2]), o recurrir a las amenazas y a la extorsión. Lo que no es recomendable, amén que puede ser delictivo; esto ha valido a los lobbies la mala fama que poseen, por lo que lo evitan generalmente.

La acción típica de los lobbies se manifiesta a través de la actividad en los pasillos (de ahí su nombre), por lo que es muy común verlos, principalmente en el Congreso, totalmente repletos de lobistas que intentan dirigirse a los legisladores y otras autoridades, y este espectáculo debe necesariamente producir un impacto psicológico importante en el ánimo del legislador, que debe abrirse camino entre los lobistas para llegar a su despacho ([3]). La interacción entre el lobista y la autoridad política (generalmente se piensa en el legislador, aunque puede ser cualquier otra personalidad de Gobierno) es muy difícil y delicada, y si el lobista desea tener éxito y que el político tome en cuenta sus planteamientos, debe poner en acción toda su sagacidad, experiencia y ciencia de la ductilidad en las diversas alternativas que se le presentan, como también el conocimiento que posea de las pasiones humanas. No sólo en los pasillos o en los salones de la Administración y de las Comisiones trabajan los lobbies. También organizan y concurren a festejos, reuniones y agasajos, o propician la formación de fondos, o aun de clubes de esparcimiento donde los lobistas tengan oportunidad de transmitir sus planteamientos a las autoridades, como el caso del “Poor Man's Country Club”, donde sólo podían entrar Senadores, Diputados, hombres de influencia pública y lobistas (y los lobistas no pagaban), organizado por el cabildante Homer Leonard ([4]). Los restaurantes, bares y en ocasiones el insalubre entorno de los clubes nocturnos sirven para ambientar la comunicación entre autoridades y lobbies.

EULAU, en su recensión de la obra “The Washington Lobbysts” de MILBRAITH, destaca que la efectividad del lobby en la comunicación con la autoridad política depende ([5]):

1) Del grado del autor de decisiones del sistema político de libertad por la cual las expectativas de sus votantes definan su papel;
2) Del grado de convicción personal del decisor sobre un tema;
3) Del grado de conformidad que una mayoría de los que trabajan en la tarea legislativa puedan acordar por disciplina o compromiso;
4) Del grado de necesidad que tiene el decisor de informarse sobre un problema;
5) Del grado de cuáles relaciones informales con el grupo decisor lo hacen por respeto y confianza;
6) Del grado en que los decisores confían en el consejo de los asistentes de su staff.

A continuación destacaremos las diferentes formas de acción de los lobbies cuando actúan directamente sobre los decisores del sistema político.

Persuasión.- Se hace principalmente a través de tres medios: el diálogo, el aporte de informes y datos, y -excepcionalmente- las amenazas y la corrupción.

El diálogo.- Sea directamente como a través de contactos intermedios, sea personalmente o por teléfono, sea en los pasillos, despachos u otros lugares fuera de las edificaciones de los órganos de poder, el diálogo es una de las vías más capitales de persuasión. Mediante el diálogo el lobista deberá demostrar todo su talento y habilidad en el manejo de las situaciones y las reacciones de los decisores del sistema político, si quiere tener éxito en su tarea. El lobista se preocupará de que el decisor tome interés por la situación del grupo al cual el lobby representa; tratará también de formar bloques en los órganos deliberantes, como en las Cámaras del Congreso, y también mayorías que impulsen la adopción o el rechazo de los Proyectos que afecten a sus representados, e intentarán lograr la derogación o puesta en vigencia de las normas ya adoptadas. El lobista experimentado sabe cómo tratar con una personalidad del sistema político según su forma de ser, y las situaciones son tan ricas que exigen del lobista mucha capacidad y ejecutividad. Ellos conocen qué momento es más oportuno para tomar contacto con los legisladores y qué autoridades estarán dispuestos a prestarles atención ([6]) porque ante todo, manejan (o deben manejar) mucha información. El diálogo resulta un excelente instrumento para permitir la presentación al decisor de un proyecto de norma por parte del lobista que beneficiaría al grupo de interés al cual patrocina, buscando así que las autoridades lo apadrinen y lo impulsen para su consideración y aprobación ([7]). Los hechos y planteamientos efectuados se acompañan de una serie de fundamentos y presentaciones, sea fácticos como también de oportunidad o de justicia, sabiduría o conveniencia de la propuesta. También se recurre a mostrar las dos caras del problema que plantean, señalando ventajas e inconvenientes con cierta pseudo-objetividad, porque siempre procurarán que la balanza de argumentos esté inclinada a su favor ([8]).

Frecuente es también el diálogo no sólo con la autoridad del órgano político, sino con sus asesores o colaboradores directos, que son en definitiva los que estructuran y recomiendan cómo proceder a aquél.

Los lobbies tienen especial interés en hacerle ver a la autoridad pública que se trata el problema que plantean de una cuestión importante, y que la decisión que ella toma al respecto será realmente capital, y ningún lobista pierde tiempo en comunicarse con el decisor político si no tienen un tema verdaderamente importante para plantear ([9]).

Presentación de datos e informes.- Debido a que el volumen de trabajo de las autoridades políticas es enorme, las comunicaciones directas entre los lobbies y los decisores deben ser muy breves, concisas y claras, resaltando en forma sumaria los puntos más importantes ([10]). A veces el problema es muy complejo y tedioso de explicar, sobre todo los temas que poseen cuestiones técnicas, y si se quiere que el decisor o legislador tenga una información cabal y completa del asunto objeto del planteamiento, el lobista procura presentarle una documentada carpeta en la que puede exponerse el problema técnicamente con comodidad, manejando datos y argumentos, todo lo que se desee. La presentación de datos e informes sirve como oportunidad para adjuntar Anteproyectos de normas jurídicas con exposiciones de motivos extensas y profusión de datos. Esta técnica es muy tomada en cuenta, ya que así el decisor puede prestarle más atención y tiempo a la temática que afecta o interesa al grupo intermedio representado por el lobista que en la simple entrevista, y para ellos las meras alocuciones o planteos orales no tienen mucha fuerza ([11]). Por eso, la presentación de datos e informes es un buen complemento para el diálogo; la carpeta escrita oficiará también de “ayuda-memoria” al político.

Muchos legisladores y autoridades del sistema político ven con buenos ojos esta presentación documentada de datos e informes, y los lobistas saben que quien comprende el volumen de tareas de aquéllos y está dispuesto a aliviársela mediante la presentación de un buen informe puede saber que será siempre muy bien recibido ([12]). La presentación de datos e informes por escrito ilustra mucho mejor que un buen diálogo. Por otra parte, es frecuente (y es el caso particular de los legisladores) los decisores del sistema político necesitan el asesoramiento en datos, debido a que por su trabajo no los pueden obtener personalmente, y los legisladores norteamericanos muchas veces cambian sus favores por esos datos. “Dame una mano y yo te doy la mía” ([13]). Los legisladores conocen muy bien el apoyo y servicio que los lobbies le representan en materia de datos e informes, y no se sienten muy menoscabados en su integridad por recibirlos ([14]). Esto lo saben muy bien los lobistas.

Amenazas y corrupción.- Debido a lo inconveniente de estas persuasiones de carácter intimidatorio y coactivo, es natural que casi nunca sean utilizadas. Los buenos lobistas saben que además de amoral es poco efectiva, porque los decisores y el público lo mirarán con gran desfavor. Algunos lobistas amenazan con favorecer la derrota electoral del decisor mediante el retiro del respaldo del grupo al que representa y el apoyo de ese grupo a otro candidato, o con divulgar sucesos que podrían perjudicar su imagen salvo que les preste atención ([15]). Pero quienes intentan amenazar o se comportan arrogantemente son siempre resistidos, y muchos mismos lobistas saben que los sobornos, amenazas, extorsiones o cohechos no tienen mucho éxito ([16]).

Testificación en audiencias.- Es una técnica que se ha revelado como poco importante, por lo que suele usarse, debido a que la experiencia demostró que los Congresistas les prestan atención esporádica ([17]).

Fiestas o agasajos.- Las reuniones sociales ofrecen un ambiente propicio para que los lobistas puedan conversar con los decisores del sistema político. Sin embargo, este canal no se utiliza con la frecuencia que se cree. Es un medio que debe ser tomado en cuenta con cautela, ya que las autoridades políticas se encuentran ocupadas en muchos compromisos, y a menudo pueden concurrir más como favor o por compromiso que como homenaje. También despierta en algunos funcionarios, recelos de que pueda aprovecharse la oportunidad para molestarlos con requerimientos, y pueden rehuir de esta clase de invitaciones. Tiene más éxito cuando se trata de grupos de interés humanitarios y religiosos, pero se revela poco útil para otras asociaciones ([18]). 


Lobby indirecto (indirect lobby)

Por “lobby indirecto” entendemos a cualquier clase de actividad diferente a la presión directa que ejercen los lobistas sobre las autoridades del sistema político. En cierto modo no son tareas del lobby sensu stricto, pero no son menos efectivas. El lobby indirecto se usa como complemento o paralelo de la presión directa, y asimismo suele recurrirse a él al fracasar la presión directa o cuando ésta no puede lograrse. Una táctica de lobby indirecto trata de crear un estado de opinión pública o influirla favorablemente en beneficio de los intereses del grupo para quienes trabajan los lobbies, con vistas a que esta opinión pública traduzca y canalice su acción en demandas a los decisores del sistema político. Se trata pues de provocar una presión indirecta por medio de la presión directa que realizarán los ciudadanos gobernados sobre los gobernadores, previamente excitados por la prédica del lobby. En otras ocasiones el lobby se encarga de la tarea de presión indirecta, quedando la presión directa a cargo del propio grupo de interés ([19]).

KEY destaca dos métodos principales de lobby indirecto en cuanto a manejo de la opinión pública:

a) el método escopeta.- Busca conseguir círculos de personas que influyan en el legislador;
b) el método ametralladora.- Consiste en lograr que el público mande cartas y telegramas a los Congresales ([20]). Otros ejemplos de presión “ametralladora” o difusa son, procurar que la gente se pronuncie a través de manifestaciones, o generando una opinión a través de la Prensa u otros medios de difusión de masas (addenda: como hoy pueden serlo las redes sociales).

En cuanto a la influencia de los lobbies sobre la opinión pública, IPPOLITO y WALKER distinguen dos grandes tácticas ([21]):

1) Largo alcance (long range): conseguir del público una imagen favorable del grupo de interés.
2) Corto alcance (short range): convencer al público de adoptar la posición del grupo de interés sobre un hecho particular que está en el tapete, y lograr la participación del público para conseguir sus propósitos.

Campañas de telegramas y cartas.- Los lobbies promueven determinadas campañas que procuran obtener la presión de los gobernados sobre los gobernantes, logrando que los primeros envíen cartas y telegramas a las autoridades políticas ([22]). Estos lobbies le comunicarán al público en general y a los asociados de los grupos a quienes representan a quiénes deben enviarlos, qué deben poner y qué no deben escribir. Se ha constatado la efectividad de esta técnica de presión sobre el ánimo de los legisladores y autoridades políticas estadounidenses, sobre todo cuando se sienten llegar a ellos una avalancha enorme de comunicaciones de los interesados y del público. Por supuesto, estas campañas deben contar con la acción de mucha gente, y hasta del propio lobista, sus compañeros o empleados, quienes también escribirán si resulta necesario ([23]).

Campañas de información y publicidad.- Los lobbies, a través del acceso que tienen a la Prensa y a otros medios de publicidad y de propaganda (reporteros favorables al lobby o a su grupo de interés, o pertenecientes a él o amigos, solicitadas, boletines, aviso s o afiches especiales), organizan campañas publicitarias, muchas veces de gran envergadura. Tienen crecida eficacia sobre todo cuando se trata de defender intereses de grupos humanitarios, agrícolas, religiosos y ecologistas. También están destinadas no sólo a promover la creación de un estado de opinión, sino a enterar o informar al púbico de acuerdo a lo que les convenga para poner a la gente a favor o en contra de ciertos proyectos o legislaciones vigentes o proyectadas ([24]), cumpliendo una tarea informativa y educativa, pero a su manera y tendenciosa hacia sus intereses. La práctica ha mostrado a los investigadores, que estas campañas no siempre pueden medirse en sus efectos.

Conferencias.- Organizadas por los lobbies en temas de interés del grupo que se defiende, son muchas veces remuneradas y difundidas, invitándose a legisladores, grupos interesados y público en general.

Participación en campañas políticas.- En los últimos tiempos los lobbies han contribuido principalmente con trabajo, dinero y publicidad en las campañas electorales de las autoridades políticas norteamericanas, y la incidencia de éstos en los resultados relectorales es importante. Actualmente, a partir especialmente de la década de los años 1970, se organizan en “Political Action Commitees” (PACs). En un medio muy efectivo para conquistar influencia a nivel de personalidades políticas, y que los lobbies usan para organizar y sostener campañas electorales ([25]).

Publicación de tablas de votos de legisladores.- las mismas tablas indican el porcentaje y número de votos con que cada legislador llegó a su escaño parlamentario. Dicha práctica fue iniciada por la Anti-Saloon League y sus lobbies, asociación que mucho se preocupó de manipular la opinión pública. Últimamente tiene poca importancia su utilización, sobre todo por los resentimientos que provocan a nivel de los legisladores, lo que les cerraría la puerta a quienes publicitaran tales tablas ([26]).


Actuación de los lobbies en las Comisiones y Proyectos de normas jurídicas

La multiplicidad de los temas que tienen que abordar los organismos del sistema político norteamericano ha dado lugar a los trabajos en Comisiones y Subcomisiones, Comités o Subcomités, algunos formados por miembros de los respectivos organismos, y otros (en ocasiones de carácter honorario) formadas por personas de distinta índole. Mientras más pequeño sea el número de sus integrantes, más vulnerables y sensibles son a la influencia de los lobbies; no es de extrañar entonces que éstos se desempeñen allí al máximo, porque ellos conocen que en dichas Comités, Comisiones, Subcomités o Subcomisiones, se decide lo medular de cada tema, y que los Plenarios a lo sumo ratifican o poco agregan a lo ya acordado por aquéllas, sobre todo con se trata de la elaboración de normas jurídicas ([27]).

Cuando los grupos de interés saben de la existencia de un proyecto de norma o de decisión (p. ej. en el Congreso), las Comisiones suelen mandar sus Órdenes del Día a sus lobbies para qe sigan el proceso de su sanción. Ellos toman nota de todo lo que pueda afectar o no a sus representados, y procurarán intervenir en el momento oportuno. Pueden intervenir en la elaboración y redacción de los Proyectos, o aportar Anteproyectos e ideas estudiados y redactados como aporte al trabajo de estas Comisiones o Comités., que serán tenidos en cuenta dependiendo del padrinazgo o apoyo de uno o varios de los miembros de la Comisión o de sus asesores. No es raro que muchas Leyes de los Estados Unidos tengan una profunda impronta de los lobbies ([28]). Como en todo trabajo de los lobbies, la gama de diferentes situaciones que pudiere ocurrir es muy rica.


Los lobbies y la comunicación con los grupos a los que pertenecen

Los lobbies no sólo ofician como reivindicadores profesionales a los grupos de interés, sino que los primeros muchas veces sirven como consultores o asesores de los segundos. Se preocupan por obtener información, datos y todo cuanto los grupos de interés no son capaces de conseguir por sí mismos. El lobista les asesora sobre quiénes son las personas claves para hablar sobre determinado tema, quiénes les prestarán más atención y cuándo es el momento más oportuno para intervenir ([29]). Cuando trabaja para sus representados, el lobby los pone al tanto permanentemente sobre la evolución del asunto y de los éxitos (o no) de sus gestiones, y consulta con ellos respecto los pasos a dar en lo sucesivo. Un trabajo eficiente el lobby también presupone una comunicación ágil y asidua con sus mandantes.


Mantenimiento de los canales abiertos entre el lobby y la autoridad política

No sólo es importante abrir canales de contacto con el decisor para el lobista, sino también mantenerlos abiertos para el futuro, a efectos de poseer una comunicación fluida y perenne. El lobista tendrá que adaptarse a las diversas exigencias de las personalidades a las cuales tiene acceso, y mantener su favor a través de todos los medios (intelectuales o materiales) que posea. Los lobbies tienen por lo general idea de cómo mantenerse presentes en el buen ánimo de los políticos.


Fin de la tarea del lobby

Como bien señala MILBRAITH, el trabajo del lobby termina cuando éste comunica al decisor sus planteamientos en la forma más efectiva posible ([30]). Puede observarse que la obligación del lobby es de medios: hacer todo de su parte para lograr que la autoridad política tome en cuenta su mensaje y lo adopte; no se garantiza el resultado efectivo de la gestión, ya que no puede controlarse directamente lo que haga el decisor, salvo que el lobby lo decida por él.
Cuando el lobby no tiene un tiempo de contratación determinado, cualquiera de las partes (grupo de interés o lobby) puede ejercer el receso unilateral de la vinculación.



(continuará)





[1] DION, op. cit., p. 124. IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 373.
[2] DION, op. cit., p. 125.
[3] SALISBURY, op. cit., p. 148 y sigs. Ver nota 35.
[4] KRAEHE, op. cit., p. 633.
[5] EULAU, ob. cit., p. 201.
[6] DION, op. cit., p. 74.
[7] MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[8] MILBRAITH, op. cit., p. 185.
[9] MILBRAITH, op. cit., p. 188.
[10] MILBRAITH, op. cit., p. 187.
[11] MILBRAITH, op. cit., p. 187.
[12] MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[13] BURDEAU, op. cit., T. V., p. 640. MAKIELSKI, op. cit., p. 232.
[14] MAKIELSKI, op. cit., p. 232.
[15] MILBRAITH, op. cit., p. 185.
[16] MAKIELSKI, op cit., p. 238. MILBRAITH, op. cit., p. 183.
[17] MILBRAITH, op. cit., p. 188. MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[18] MILBRAITH, op. cit., p. 193.
[19] DION, op. cit., p. 113.
[20] KEY, op. cit., p. 237.
[21] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 323.
[22] Addenda: Hoy sería los mensajes telemáticos por correo electrónico o a través de las redes sociales, por ejemplo.
[23] DION, op. cit., p. 124. MILBRAITH, op. cit., ps. 190 y 191. MAKIELSKI, op. cit., p. 238.
[24] DION, op. cit., p. 124. KEY, op. cit., ps. 229 y 240. MILBRAITH, op. cit., p. 191.
[25] DION, op. cit., p. 124.
[26] MILBRAITH, op. cit., p. 194. SALISBURY, op. cit., p. 148.
[27] BURDEAU, op. cit., T. V., p. 140, DION, op. cit., p. 76.
[28] Como en el caso de la Taft-Hartley Act, que contiene casi textualmente la redacción de los postulados de la National Association of Manufacturers sobre el tema que versa la Ley.
[29] MAKIESLKI, op. cit., p. 238.
[30] MILBRAITH, op. cit., p. 195.

domingo, 6 de noviembre de 2016

UN ANTIGUO ESTUDIO SOBRE LOS LOBBIES - Parte IV

IV. SINOPSIS DEL RÉGIMEN JURÍDICO DE LA “FEDERAL REGULATION OF LOBBYING ACT” DE 1946

La “Federal Regulation of Lobbying Act”, que como dijimos, intenta dar un marco jurídico a los lobbies, dispone principalmente según DION ([1]):

- Todos los grupos intermedios que tienen lobbies en Washington o en Capitales de los distintos Estados de la Unión deben registrarse obligatoriamente ante la Procuraduría General de la Nación, en un Registro especial que ésta lleva al respecto.
- Estos grupos deben identificar y dar la lista completa de todos los lobbies y lobistas que actúan a sus respectivos cargos.
- Deben presentar un detalle declarado de los gastos que se invierten en el lobbying.
- Debe declararse el salario de los lobistas empleados.
- Existe obligación de presentarse una descripción completa de las actividades que planea el lobby en el futuro.
- Trimestralmente, los grupos intermedios deberán presentar un informe sobre los puntos anteriores, que debe incluir todas las variaciones y alternativas que se verifiquen, los cuales edita el Congressional Record.

Estas obligaciones se cumplen muy poco en la práctica, y son muchísimos más los grupos y lobbies que no se registran que los declarados. DION estima que los lobbies que existen en realidad son de un número diez veces mayor que los registrados. Como la violación por la registración no es sancionada por ninguna pena por la F.R.L. Act, al no disponerse nada sobre las omisiones, el registro y la información trimestral dependen exclusivamente de la buena voluntad y honradez de los interesados. El Gobierno se ve obligado a tolerar esta situación por no poder tomar medidas de policía, lo que excedería sus límites legales y constitucionales. A veces los Comités llaman a los lobbies a declarar sobre sus actividades, pero nada más puede hacerse. Sin embargo, los informes trimestrales que publica el Congressional Record ofrecen datos ilustrativos y valiosos para el análisis de los lobbies ([2]).


V. FORMAS DE ACTUACIÓN DE LOS LOBBIES ANTE LOS PODERES PÚBLICOS Y TÉCNICAS DE LOBBYING

Anteriormente caracterizamos como “lobbying” a la actividad de gestión y presión que ejercen estas organizaciones a nivel de los centros decisores del sistema político norteamericano. Podríamos definirla más técnicamente como una actividad, generalmente remunerada, de un agente o de un grupo, de forma concertada con los dirigentes de la asociación o del grupo intermedio contratante, y disponiendo de medios pecuniarios u otros, con el objeto de influir directa o indirectamente sobre proyectos o actos delos gobernantes, para promover los intereses de sus patrones (o contratantes) ([3]). Si bien es cierto que actúan preponderantemente a nivel de las Cámaras del Congreso, también lo hacen a nivel del Presidente y el Poder Ejecutivo ([4]), no escapando tampoco el Poder Judicial, si bien es más difícil acceder a los Jueces debido a que ellos deben (y saben) mantenerse independientes de partidismos y presiones ([5]). Debe quedar claro que los lobbies nunca representan a Partidos Políticos, sino solamente a grupos intermedios o de interés. A pesar de que los lobbies son muy importantes en los EE.UU. y su actividad es lícita porque ha sido regulada por la Ley y encontrarse amparada por la I Enmienda, la gente común no tiene por lo general mucho conocimiento sobre qué son y cómo trabajan e influyen estas organizaciones ([6]).

En cuanto a su organización, el lobby es una Empresa o Estudio compuesto por un gabinete de abogados, profesionales universitarios o agentes expertos en publicidad (pudiendo coexistir estas clases de profesionales), como también de ex asesores o colaboradores de Bancadas, ex Congresales o antiguos funcionarios de la Administración o del Poder Legislativo. Últimamente algunos periodistas se han destacado como eficaces lobistas, aprovechando el importante baluarte de sus periódicos o diarios. Todos ellos residen en Washington (donde se encuentra la mayoría) o las Capitales de los Estados de la Federación; esto es, cerca de los principales centros de poder. Como rasgo peculiar de los tiempos modernos, los lobbies tienden a convertirse en organizaciones de equipo en el que actúan multidisciplinariamente, aliándose muchas veces, si las circunstancias lo requieren, con otros lobbies. Algunos de ellos pertenecen exclusivamente a un grupo de interés o están especializados por tarea o por materia. Otros manejan intereses de varios grupos diferentes, aunque no representan a demasiados grupos. Algunos grupos intermedios utilizan dos o varios lobbies. Ciertos lobbies, como el de la Cámara de Comercio y la N.A.M. ocupan por entero importantes edificios ([7]), y otros apenas poseen una pequeña oficina con un cuarto y un baño. Los más grandes mueven mucho dinero y perciben suculentos honorarios por sus servicios. Varios de ellos cambian de contratante y no observan una tendencia hacia la especialización, siendo cada vez menos frecuente la figura del lobista unipersonal y solitario, pero no existe una evolución marcada en este sentido ([8]).

Grupos intermedios de toda clase utilizan actualmente los servicios de los lobbies: corporaciones y organizaciones comerciales o industriales, grupos petroleros (de gran influencia en la década de los 1970), agremiaciones laborales y centrales obreras, grupos religiosos, organizaciones profesionales y de la Salud, asociaciones de protección a la fauna, flora y al equilibrio ecológico, y también se incluso se destacan las organizaciones de agricultores, granjeros o ganaderos. E inclusive, Estados extranjeros ([9]).

Según EULAU, para explicar al lobby no es muy apropiado el modelo de comunicación, sino el de política de presión, al cual considera más realista, si bien el modelo de comunicación no es descartable, pero éste no explica realmente todos los mecanismos del lobbying, y sirve más para investigar fenómenos de mercado ([10]). La actividad de lobby, pues, es un proceso y un fenómeno político. Asimismo este autor destaca la poca fidelidad de las fuentes utilizadas para recabar datos sobre las actividades de los lobbies, destacando tres fuentes de relativa fidelidad: 1) las no siempre desapasionadas investigaciones del Congreso; 2) las no siempre coherentes crónicas de los reporteros; y 3) los no siempre coherentes estudios de los científicos políticos ([11]). Aparte, los factores psicológicos existentes en el proceso son difíciles de tomar en cuenta y la mecánica de la tarea es muy compleja ([12]). No olvidemos que los registros de los lobbies son muy incompletos. Sin embargo, de estas fuentes se desprenden algunos elementos valiosos que permiten conocer y caracterizar la acción de aquéllos.

Básicamente, el lobby utiliza dos tácticas o técnicas para conseguir los resultados que desea: 1) el lobby directo (“direct lobbying”), a través del contacto personal o por ellagados claves a los decisores del sistema político; y 2) el lobby indirecto (“indirect lobbying”), mediante la manipulación y la influencia directa en las ideas y de la opinión pública, que redunda en una presión indirecta sobre el sistema político, a través de la presión directa del público sobre los gobernantes ([13]). Para MILBRAITH, que sostiene que el lobbying es un proceso de comunicación, la tarea del lobista es encontrar cómo puede mantener una comunicación más efectiva para influir en los centros decisores ([14]). Este autor habla, refiriéndose al lobby directo, de “técnicas para la comunicación directa personal entre el lobista y los decisores”, y respecto al lobby indirecto, de “comunicación entre los intermediarios y técnicas de grandes canales de comunicación abiertos” ([15]).



(continuará)




[1] DION, op. cit., ps. 128 y 129. Ver nota 31, Addenda.
[2] DION, op. cit., p. 129. KEY, op. cit., p. 227. Los lobistas, como dijera el legislador demócrata de Tennessee, Kenneth MC KELLAR: “Washington está y sus hoteles están infectados de lobbies”. El número real de lobbies se calcula en decenas y decenas de miles. DION, op. cit., p. 127.
[3] DION, op. cit., p. 114.
[4] Léase el artículo de LEVINE - THURBER, cit..
[5] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 129.
[6] DION, op. cit., p. 126. KEY, op. cit., p. 226. KRAEHE, op. cit., p.633 opina, no obstante, que los texanos conocen muy bien a los lobbies y a sus lobistas.
[7] DION, p. 121.
[8] SALISBURY, p. 146.
[9] Uruguay, según se dice, habría utilizado lobbies desde la época del Gobierno de facto 1973-1985, y continúa utilizándolos en la actualidad (datos no confirmados por el autor).
[10] EULAU, op. cit, p. 200.
[11] EULAU, op. cit., p. 196 y sigs. Recordemos que la publicación de los informes trimestrales ordenados por la F.R.L. Act que edita el Congreso, aunque no refleje la realidad absoluta, son otra preciosa fuente de datos de estudio.
[12] MILBRAITH, L., “Lobbying as a communication process”, en MALECKI - MAHOOD, op. cit., p. 184. ECKSTEIN, “Pressure Group Politics: The case of the British Medical Association”, Stanford, California Stanford University Press, 1960, p. 152.
[13] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 320.
[14] MILBRAITH, op. cit., p. 185.
[15] MILBRAITH, op. cit., p. 186.

sábado, 5 de noviembre de 2016

UN ANTIGUO ESTUDIO SOBRE LOS LOBBIES - Parte III

II. ¿QUÉ ES UN LOBBY? DEFINICIÓN Y CARACTERÍSTICAS

Es probable (y ojalá lo fuera así) que a esta altura, y luego de un largo Capítulo introductorio, el lector se haya ya formado un concepto personal aproximado sobre qué es un lobby ([1]).

Podemos dar una conceptuación breve precisa e ilustrativa, que define al lobby y a sus actividades: El lobby es la presión profesionalizada. Dicha tarea se realiza a través de organizaciones profesionales rentadas ocasional o permanentemente por grupos de interés o intermedios (a quienes representarán), para influir en las decisiones de los órganos de Gobierno.

El lobby es una oficina técnica de presión; una organización meramente profesional que “hace los pasillos” (“lobbying”), para intervenir cerca de políticos y funcionarios e intentar influir en sus decisiones. En varias ocasiones los grupos que utilizan sus servicios poseen o mantienen sus propios organismos (dependientes o colaterales) de presión, subordinados ([2]).

Muchas veces la palabra “lobby” se usa como sinónimo de “grupo de presión”, pero en los EE.UU. se da a la palabra un sentido más estrecho, denominándose así a los agentes o representantes profesionales de asociaciones y grupos, cuya actividad es obtener el apoyo de los legisladores respecto a los intereses de sus empleadores. La Cámara de Comercio, por ejemplo, es un grupo de interés, que contrata servicios con un agente profesional a título oneroso, independiente de la asociación, para que el lobby puje por sus intereses ante el Gobierno ([3]); por supuesto, la Cámara puede tener además representantes miembros del grupo o empleados encargados de la labor de presionar conjuntamente o por separado. El lobby también puede realizar ciertos trabajos gratuitos para grupos sin recursos (un pequeño municipio sudamericano, algún grupo de inmigrantes, o por favor amistoso o político).

La “Federal Regulation of Lobbying Act” de 1946, sección 307, considera como lobby o lobista a “toda persona que por sí misma o por medio de un agente o empleado y otras personas en cualquier forma, directa o indirecta, solicite, colecte o reciba dinero o cualquier cosa de valor para ser usada como ayuda, o el principal objeto de esa persona sea la ayuda en el cumplimiento de cualquiera de los siguientes propósitos: a) la adopción o rechazo de cualquier legislación en el Congreso de los EE.UU.; b) influir, directa o indirectamente, en la adopción o rechazo de cualquier legislación por el Congreso de los EE.UU.”. La definición, aunque intenta ser precisa, abarcando a los lobbies profesionales y no profesionales, no está exenta de críticas por su pretendida minuciosidad; no obstante dicha definición no ha podido ser cambiada o suprimida hasta el presente en los intentos de reforma de la F.R.L. Act. La “Lobby Control Act” del Estado de Texas (1957) opta por un criterio amplio: “Existe lobby cuando hay contacto directo entre el lobbyist (lobista) y el legislador”.  Demasiado extensa en su alcance, también ha sido blanco de la crítica.

En resumen, podemos definir al lobby como una organización profesional, liberal o subordinada, cuyo cometido principal es gestionar o presionar, por medios directos o indirectos, ante las cúpulas del sistema político ([4]), con el objeto de influir en ellas, a fin de obtener ventajas para los grupos de interés que utilizan sus servicios. Sabe, demás, cómo es el sistema político y como aprovecharlo a tales efectos.


III. RETRATO DE UN LOBISTA (LOBBYIST)
El lobista (en inglés, “lobbyist”) es aquella persona agente o representante profesional de asociaciones o grupos que hace la tarea de presionar o gestionar (lobbying) ante las autoridades públicas. La índole de su trabajo (la presión profesionalizada) requiere de él un elevado pragmatismo y pone a dura prueba toda su capacidad de inteligencia, recursos y manejo de las relaciones públicas. Tales condiciones modelan la personalidad del lobista y lo transforman en un personaje muy peculiar del sistema político norteamericano, cuyos rasgos característicos intentaremos esbozar.

Debemos destacar que la imagen del lobista como individuo amoral, solitario y que trabaja articulando intrigas y presiones en la clandestinidad corresponde cada vez menos a la realidad ([5]). Generalmente puede ser un Abogado o graduado universitario en Ciencias Económicas o Sociales, ex Congresal (Representante o Senador), o un alto empleado, dirigente o Presidente de asociaciones o compañías, los cuales pueden trabajar en equipos o agencias, independientes o subordinados al grupo de interés. Actualmente podemos encontrar como lobistas a periodistas y expertos en publicidad, comunicación o relaciones públicas. El 90% de ellos son graduados de Secundaria, de los cuales el 27,5 % de ellos concurrió a “Colleges” y el 34 % tiene títulos en Leyes. Un 45 % de los lobistas tienen experiencia en el Gobierno Federal, ejerciendo su actividad ante el mismo Congreso (16,9 %), cargos ejecutivos o Comisiones (22 %) y otras funciones varias (6,1 %). Un 9,4 % posee experiencia en gobiernos locales ([6]). También suele ser el lobista un ex funcionario del Gobierno (generalmente del Congreso). Cabe destacar que muchas veces están fuera de los grupos que representan ([7]), y que la inmensa mayoría pertenece a la clase media y media alta, por lo general de origen anglosajón ([8]).

La tarea de lobbying no requiere, a pesar de que muchos de los lobistas son graduados en Colegios y Universidades, una preparación educacional previa; no existen carreras de lobismo ([9]). El lobista ha recibido la formación en su tarea en la Universidad de la Vida, porque todo se aprende de la experiencia y se logra a través de lograr buenos contactos. El lobista es, aparte, un profundo conocedor de las opiniones públicas y un hábil manipulador de las pasiones humanas, como puede apreciarse en el siguiente testimonio de uno de ellos ([10]):

“Yo ofrezco dos cosas: mi conocimiento es una, mi familiaridad con los problemas, necesidades, ambiciones y debilidades de los legisladores. Sé qué cuestiones deben minimizarse y quién necesita fuertes y sólidas evidencias. Sé quién sueña ser Gobernador o Senador y quién quiere quedarse donde está. Lo segundo son mis contactos personales. En quince años haces gran cantidad de amigos si lo intentas. Mientras no les pida nada que los hiera o viole sus principios, lo harán por mí. Y yo les devolveré el favor ayudándolos”.

Como resulta de este testimonio, el lobista debe ser un psicólogo innato y de gran intuición. No debe olvidarse que actualmente, dada la importancia, complejidad y elevado número de presiones a efectuar, los lobbies más importantes y mejor organizados no están constituidos por un solo lobista sino por uno o varios, que trabajan en coordinación y en equipo.


(continuará)






[1] En el Capítulo de Generalidades hemos anotado cómo la palabra que designa a estas organizaciones toma su origen en la actividad que realizan en los despachos o pasillos (en inglés, recordemos, “lobby” significa “pasillo”, “corredor”) del Congreso o inclusive de la Casa Blanca.
[2] DUVERGER, op. cit., p. 382.
[3] DION, op. cit., p. 113.
[4] Más adelante veremos que los lobbies presionan sobre la conducta de la opinión pública, aunque esto obra en realidad como un medio de presión indirecta sobre las autoridades de Gobierno.
[5] DION, op. cit., p. 123.
[6] Datos obtenidos de SALISBURY, op. cit., p. 151 y sigs..
[7]Como pistoleros de alquiler”, expresa SALISBURY, op. cit., p. 160.
[8] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 37.
[9] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 367.
[10] MAKIELSKI Jr., S., op. cit., p. 237.

viernes, 4 de noviembre de 2016

UN ANTIGUO ESTUDIO SOBRE LOS LOBBIES - Parte II

Aunque existen autores como DUVERGER, que no consideran al “lobby” como un verdadero grupo de presión, ya que es sólo un instrumento profesional de los grupos de presión a quienes representa ([1]), lo usual es considerarlo como tal, y la mayoría de los autores, en las tipologías de grupos políticos, lo ubican en la categoría de grupo de presión ([2]).

El nacimiento de los lobbies puede ubicarse en los comienzos mismos de la República norteamericana, a principios de 1800 ([3]). Según DION, el término “lobby” (en inglés, “pasillo”) designaba en Inglaterra a los corredores de la Cámara Baja, y se extendió a las conversaciones de pasillo cuando el término empezó a usarse en todos los corredores del Congreso de los Estados Unidos ([4]). La palabra “lobby” comenzó a denominar a los grupos de presión hacia 1829 ([5]). Las conversaciones de pasillo se van haciendo más frecuentes entre los grupos de interés y los legisladores, con lo que fue aumentando la presión de los primeros sobre los segundos. En el siglo XIX la actividad de los lobbies estaba principalmente vinculada a las compañías de ferrocarril, que aspiraban a sacar de los gobernantes las mejores ventajas respecto a la concesión de líneas ([6]). Conforme otras clases de grupos intermedios aprecian los beneficios obtenidos mediante la presión en los lobbies (pasillo) del Congreso, los mismos intentarán también su influencia y contacto permanente con todos los decisores del sistema político, incluida la Presidencia, manteniendo representantes u oficinas “lobbies” principalmente en Washington y, en segundo término, en las Capitales de los diversos Estados Federales. La acción de los lobbies comienza a preocupar a muchas personas, quienes temían que el juego de intereses sectoriales, y el uso de la corrupción de legisladores y funcionarios que aquéllos realizaban, desvirtuara el sistema político democrático de los Estados Unidos. Lord BRYCE, en su libro “The American Commonwealth” es uno de los primeros en denunciar (1888) las maquinaciones e intrigas de los lobbies ([7]), y ya anteriormente los Presidentes Jackson y Buchanan se quejaban e este tipo de presiones ([8]). Aunque Theodore Roosevelt y el Presidente Wilson intentaron disminuir el poder ya consolidado de los lobbies, lo cierto es que éstos aumentan considerablemente en número, pasando a ser los más poderosos los de los comerciantes, especialmente los de la N.A.M. (National Association of Manufacturers) y la American Chamber of Commerce. Los periódicos de la época piden una reglamentación más severa y restrictiva contra este tipo de organizaciones, que forman ya casi una “tercera Cámara” según el “Dallas Morning News”, periódico texano de tendencia conservadora. Algunos Estados, como en el caso de Texas, sancionan legislaciones limitativas contra los lobbies ([9]); la “Lobby Control Act” (1907), aprobada en dicho Estado, buscaba impedir sus influencias con pena de multa y prisión, y un Act de Michigan (1945) prohibió el cohecho y otras técnicas de corrupción ([10]). Esta legislación, considerada ya en esta época como “conservadora”, no pudo frenar la cada vez más vigorosa expansión de los lobbies, que ya habían comenzado en los comienzos del siglo XX a sufrir un proceso de profesionalización. Las religiones (particularmente católicos y protestantes) y los sindicatos obreros (como la central obrera AFL-CIO) empiezan a poseer sus propios lobbies y los lobistas, que vivían en los Hoteles de las Capitales, comienzan a alquilar y comprar escritorios y edificios cerca de los centros de poder político, pasando a constituir parte de la población estable de los mismos. Paralelamente, los lobistas comienzan una batalla para que se les reconozca jurídicamente su actuación, basados en la I Enmienda de la Constitución norteamericana, que garantiza la libertad de expresión y de petición frente a cualquier autoridad de la Unión ([11]). Ya por 1907 se había iniciado el estudio de una reglamentación a nivel federal no restrictiva sino regulatoria -a esta altura los lobbies son tenidos ya como un mecanismo importante del sistema político estadounidense- de estas asociaciones ([12]). Uno de los primeros informes del Congreso (1913) denuncia algunas actividades de presión de los lobistas en su seno ([13]). El sistema político comienza a ser más condescendiente; Coolidge y Hoover los toleran, y las manifestaciones en su contra son menores ([14]). Bajo el gobierno de Franklin Delano Roosevelt la legislación se preocupa de elaborar una reglamentación flexible de los lobbies. Después de sucesivas Comisiones y esfuerzos se sanciona la “Federal Regulation of Lobbying Act” de 1946, que intenta regular a estas organizaciones, con pequeñas reformas realizadas por la Comisión Mac Clellan en 1958. La Ley posee muchas imperfecciones pero hasta ahora han sido vanos los intentos para reformarla, siendo uno de los últimos los de 1977-1978 ([15]). En 1954 la Corte Suprema de los EE.UU declara la constitucionalidad de la Federal Regulation of Lobbying Act respecto a la I Enmienda y otro fallo de 1978 declaró inconstitucional una Ley del Estado de Massachusetts que prohibía a las fundaciones influir en la actitud de la gente (lobbying indirecto) en los referéndums. Hoy toda ley anti-lobby sería considerada como antidemocrática y anticonstitucional ([16]). Otros Estados de la Federación, como Texas, sancionaron una reglamentación de la actividad de los lobbies en 1957 (“Lobby Control Act”), siguiendo el criterio de la Federal Act de 1946.

Robert SALISBURY señala que 1946 marca el muro divisorio entre el antiguo y moderno lobby. Los lobbies poseen actualmente un marco legal, presentan un evidente grado de profesionalización, toman injerencia en actividades electorales y políticas, y se interesan por todos los temas que directa o indirectamente (según su criterio) pueda importarles. Los enormes y variados Programas de Gobierno que ha creado la dirigencia política norteamericana luego de la II Guerra Mundial favorecieron (aparte de la protección de la Ley) el crecimiento en número y volumen de los lobbies profesionales, que hoy llenan edificios y se cuentan por decenas de miles ([17]). Actualmente la Administración Reagan, para intentar disminuir la presión de aquéllos en el Gobierno Federal, busca desestabilizarlos tendiendo a reducir el papel del Estado Central y dando más participación a los Estados y a las localidades ([18]) ([19]); es posible, sean cual sean los Gobiernos que lo sucedan, que las sucesivas Administraciones continúen con esta tendencia.



(continuará)






[1] DUVERGER, op. cit., p. 382.
[2] Incidentalmente (caso de discusión de Proyectos o Leyes a favor o anti-lobbies) los lobbies deben defenderse a sí mismos, por lo que serían grupos de presión sensu stricto.
[3] IPPOLITO, D.S. – WALKER, T.G., “Political parties, Interest Gruopus an Public Policy”, Emy University, Prentice-Hall, Inc., 1980, p. 320. Key, op. cit., p. 225 nota 2.
[4] DION, op. cit., p. 14 y sigs..
[5] La expresión “grupo de presión” es posterior a la de “lobby”, pues fue acuñada hacia 1842.
[6] BURDEAU, op. cit., T. V, p. 93.
[7] DION, op. cit., ps. 115 y 127.
[8] DION, op. cit., p. 126.
[9] KRAEHE, op. cit., p. 633.
[10] FRAEHE, op. cit., p. 634. KEY, op. cit., p. 226.
[11] DION, op. cit., p. 227. SALISBURY, R., “Washington Lobbyist. A Collective Portrait”, en CIGLER, A.J. - LOOMIS, B.A., “Interest Group Politics”, Washington DC, CQ Press, 1983, p. 146. KRAEHE, op. cit., p. 639.
[12] Como bien lo señala BURDEAU, op. cit., T. V., p. 640, en nota 2, el legislador se cuidó de regular y no prohibir a los lobbies.
[13] U.S. Congress - House of Representatives, “Charges against members of the House and Lobbies activities of the National Association of Manufacturers of the United States and others, House Report 113, 63rd. Congress, 1st. Session, Washington, U.S. Goverment printing Office, 1913, p. 37 y sigs..
[14] En 1935 BLACK critica a los lobbies como una amenaza al sistema y al mismo gobierno, así como la causa del descenso de la moralidad pública. DION, op. cit., p. 115. Su posición resultaba ya solitaria.
[15] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 337.
(Addenda) En 1995 la “Lobbying Disclosure Act”, enmendada por la “Honest Leadership and Open Goverment Act” (2007) han intentado hacer medibles y registrables las prácticas de lobbying. Obliga a registrarse a los lobbies federales ante la Oficina de la Cámara de Representantes y la Secretaría del Senado de los Estados Unidos. Se prevé multas para los infractores.  
[16] IPPOLITO - WALKER, op. cit., p. 337.
[17] SALISBURY, op. cit., ps. 146, 148 y sigs., 151, 160 y 164.
[18] LEVINE-THURBER, J., “Reagan and the Intergovermental Lobby. Iron triangles, Cozy subsystem and political conflicts”, en GIGLER-LOOMIS, op. cit., ps. 165 y sigs..
[19] A pesar de que el sistema los considera parte fundamental de su maquinaria, no faltan legisladores que se quejan, como el Senador D.P. MOYNIHAN de Nueva York: “Vienen a mí en cascada, es como una ola humana cerca de la legislación. Nunca paran”; citado por MILLER, S., “Special Interest Groups in American Politics”, Transaction Books, New Brunswick (U.S.A.) and London (U.K.), 1983, p. 3. El Diputado SOFNER, de Texas, expresaba que “Los lobistas son tan numerosos en la puerta de la Cámara de Representantes que me debo abrir un camino a  través de ellos (KRAEHE, op. cit., p. 634).